En la nota que elevara el 10 de mayo del corriente año, resaltaba el hecho de que el dictado efectivo de clases a nuestros alumnos debe tener carácter prioritario, lo cual debería además ser transmitido por la escuela como un valor cultural. Entiendo que los días de clases son propiedad de los alumnos y que por lo tanto no pueden ser utilizados para un fin distinto o tomados por otros como si fueran un botín de guerra.
Pues bien, la ejemplaridad que en este sentido cabría esperar de los adultos conductores de la educación, partió en este caso desde el otro extremo de la pirámide. Un grupo de 17 alumnos de un curso compuesto por un total de 30, decidieron concurrir voluntariamente a la escuela, a clases, en el día de la "jornada educativa" del 2 de septiembre pasado. Estos alumnos percibieron con gran agudeza el efecto negativo que sin dudas tendrá en sus formaciones, el recorte sistemático y persistente de sus días de clases. La excelencia educativa se consigue con actitudes como las evidenciadas en esta oportunidad, que implican compromiso y firmeza y no con actos de fe ni con palabras altisonantes.
Espero que no solo dichos alumnos sepan apreciar la convicción que se necesita para oponerse a una arquitectura de varios años, que las autoridades persisten en conservar y que ha contribuido a degradar los niveles académicos de excelencia que nuestro país ostentaba con orgullo en el pasado; excelencia que en lo personal he tenido el privilegio de recibir y disfrutar. Mucho más fácil y cómodo hubiera sido para dichos alumnos quedarse en sus casas durmiendo, en lugar de asistir a una clase en su escuela, a las 8 de la mañana.
Podrá decirse que solo 17 alumnos (aunque representen cerca del 60% de su curso) no tienen entidad para forzar un cambio en la mediocre educación que están recibiendo, pero como dice un proverbio chino: "para dar mil pasos es necesario dar el primero". Mi traducción de la actitud de este grupo de alumnos es que incluso una medida "popular" como la de transformar un día de clases en un feriado, también tiene críticos por parte de aquellos a los que presuntamente benefician. Valores como el estudio, el esfuerzo y el trabajo parecen constituir una demanda, pero esta vez desde nuestros alumnos hacia nosotros, sus pretendidos educadores.En este episodio la línea de mira se centró en el aspecto cuantitativo del problema educativo, pero qué sucede con aquellos que hacen al carácter cualitativo de la enseñanza. ¿Se resuelve el problema aumentando los días de clases sin modificar la calidad de lo que se entrega a los alumnos en cada clase? Evidentemente no. Muchísimo se puede hacer en este sentido y es tiempo de ocuparse por cambiar una estructura educativa que hace agua por todos lados y cuyo fracaso nadie puede ignorar.
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1.9.04
SET 2004_Valores como el estudio, el esfuerzo y el trabajo parecen constituir una demanda, pero esta vez desde los alumnos hacia sus educadores
Publicado por Jorge Carlos Carrá
Etiquetas: Informes Institucionales
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