Es un hecho comprobado que la variable mas estrechamente relacionada con el rendimiento académico de los alumnos, es la cantidad de días de clase efectivamente dictadas en el ciclo lectivo. Resulta más o menos evidente que los alumnos de Río Negro con 171 días de clase no podrán aprender lo mismo que los alumnos de Japón con 240 días de clase. Los resultados comparativos entre ambos países no admiten discusión. No solo parece haber escasa coincidencia en la necesidad de aumentar la duración del año escolar sino que, por el contrario, en los últimos años se ha producido un retroceso sistemático en este número. El gobierno nacional ha contribuido transfiriendo los feriados nacionales a los lunes, aun en el caso de que éstos coincidan con un fin de semana. El gobierno provincial por su parte ha hecho lo propio, institucionalizando la asignación de un día por mes para la realización de las llamadas "jornadas educativas". El impacto que esta medida tiene sobre la calidad educativa se advierte con el siguiente cálculo: una materia de 5 horas que tenga 3 horas de clase los miércoles, ve recortada en más de un mes el tiempo anual disponible para su dictado (cerca del 15% del total asignado). No es necesario enfatizar el efecto devastador que tiene para una materia, la eliminación del 15% del tiempo programado, ya de por si escaso. La crisis de nuestra educación no resulta del atraso tecnológico, sino de la escasez de tiempo que se dedica al dictado de clases.
Como aporte para la corrección de tal anomalía sugiero la implementación de alguna de las siguientes acciones (no excluyentes):
- disminución sensible en la cantidad de los días asignados a las "jornadas educativas" o su eliminación,
- implementación de las mismas fuera del horario de clases:
a) a partir de las 19 horas, como en el Colegio Don Bosco o como en esta misma escuela cuando pertenecía al CONET,
b) los sábados por la mañana, como en la Escuela Cooperativa Técnica Los Andes a principios del año 2003, - restitución al final del año lectivo de los días perdidos. En países centrales se aplica este criterio si se suspenden días de clase por nieve.
Este último ejemplo muestra claramente como en otros países, la escuela no solo transmite conocimientos sino valores culturales, entre los cuales se encuentra la transmisión a los alumnos del carácter prioritario que tiene para una sociedad, el dictado efectivo de clases a sus futuros dirigentes.
Actualización en AGO 2004
Con fecha 10 de mayo de 2004 expresaba en una nota que la implementación de las "jornadas educativas" en horario escolar ha provocado la pérdida de alrededor de 1 mes de clases por año en cada una de las 3 materias que dicto. El resultado concreto fue la necesidad de eliminar una unidad temática en cada una de esas materias, las cuales no fueron ni serán recuperadas por el alumno durante el ciclo secundario. Colocaba en dicha nota que los días de clases efectivos llegarían en este año a 171 días. Este valor, de por si preocupante, debe ser ahora actualizado, pues deberán ser incorporados a la lista (que parece no tener fin) los 5 días sin clases de la semana previa a las vacaciones de invierno, esta vez por "razones climáticas" en una semana soleada.
Con este nuevo "aporte", el número total de días de clase del año 2004 resulta (por el momento) de 166, es decir de 5.5 meses efectivos. Supongo que los responsables de la política educativa pensarán que nuestros alumnos pueden aprender en 5.5 meses lo que en el resto del mundo requiere entre 7 y 8 meses. Para ser mas preciso, quienes completen 5 años de educación en Japón o Alemania (8 meses anuales) habrán pasado en la escuela, en realidad, 2.3 años más que nuestros alumnos de la provincia de Rio Negro. En otras palabras: nuestros chicos deberían tener una escolaridad de 7.3 años para tener el equivalente numérico de 5 años en esos países. ¿Sorprende entonces que la media de los egresados del ciclo secundario tenga dificultades en la comprensión de textos o en la realización de cálculos matemáticos? En virtud de esta patética situación me formulo las siguientes preguntas adicionales:
- ¿no es posible pensar en un esquema que no solo limite esta sangría, sino que la revierta?
- ¿los días de clases se han transformado en la variable de ajuste del sistema educativo?
- ¿se ha pensado en los efectos que sobre el ritmo de estudio tienen 4 semanas de vacaciones durante el año lectivo?
- ¿no hubiera sido más prudente adelantar una semana las vacaciones de invierno?
No conozco y probablemente no conoceré las respuestas que las autoridades tienen a estas preguntas, pero la percepción evidente es que los días de clase no revisten carácter prioritario para los administradores de la educación. Como modesto acto de protesta ante este cúmulo de desatinos, he decidido no convalidar con mi presencia las futuras "jornadas educativas". Dejo constancia, tan solo al efecto de evidenciar un contraste manifiesto, que continuaré aportando a mis alumnos las 2 horas de clases de consulta semanales en contra turno, tal como lo he hecho anualmente durante mis 15 años de docencia.
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