El histograma siguiente muestra la distribución de las notas de los alumnos de mi curso, correspondientes a la materia Mecánica Técnica, finalizado el segundo trimestre.
Es el primer curso en 17 años en el cual la mayoría de los alumnos (54%) resulta aplazada en un trimestre. Parafraseando el lenguaje de los físicos, este grupo ha conformado una masa crítica. Esta realidad tiene el agravante de que el dictado final de la materia no superará el 50% del contenido del programa. Resulta llamativo, por otra parte, que el curso no haya elevado quejas con la finalidad de que atenúe el poco rigor académico que me queda. ¿Será por que diferencian la enfermedad del mensajero?
Reiteradamente he expresado en notas anteriores, mi preocupación por el hecho de que la escuela esta formando analfabetos funcionales. He recibido alumnos que carecen de los procedimientos y hábitos intelectuales que tradicionalmente incorporaban en el ciclo básico. Este grupo de alumnos es incapaz de expresarse con precisión, de reflexionar, separar variables, clasificar, ordenar, analizar, sintetizar, relacionar, extrapolar, deducir, plantearse hipótesis, resumir, hacer un juicio crítico, etcétera. Dado que la mayoría de ellos tiene aprobadas las materias en las que debieron haber trabajado estos conceptos, claramente la responsabilidad no parece ser de los alumnos. Si la calidad de un juez se mide por el contenido de sus sentencias, la calidad de un docente debe medirse por el contenido de sus ex–alumnos (“no hay aplazados ni escalafón”).Así como existen prerrequisitos para cualquier actividad (por ejemplo, para caminar hay que estar parado), en el caso particular del aprendizaje de las materias duras, es indispensable el poseer hábitos mentales. Pues bien, por muy obvio que parezca, da la sensación de que esto a muy pocos les importa ("todo es igual, nada es mejor"). Hemos conseguido una escuela en la que existen docentes que hacen como que enseñan y alumnos que hacen como que aprenden. ¿Como puede egresar un técnico que no tiene los conocimientos básicos y que no comprende lo que lee? Lo trágico es que la escuela no les “avisa” que no saben, pero no me caben dudas que de esto se encargará la sociedad, pagando un costo mucho mayor, cuando sea más difícil revertir la situación y con un resabio de rencor hacia sus “formadores”.
Me parece aún más preocupante comprobar que este proceso de descerebración ha llegado, por natural evolución, a los adultos responsables. Involucro aquí a todos los integrantes de la comunidad educativa que por acción u omisión, promueven o aceptan esta Argentina mediocre. ¿Como es posible que frente a la urgente necesidad de aumentar la calidad y cantidad de la educación, se fomente la vagancia suspendiendo las actividades escolares por cualquier motivo: semana del estudiante, jornadas “educativas”, cursos de “capacitación”, etcétera, lo cual reducirá la cantidad de días efectivos de clases, a la increíble cifra de 158 días anuales. Una verdadera vergüenza. ("los inmorales nos han igualao")Si no se entiende esto, los chicos ricos seguirán educándose cada vez mejor y los chicos pobres cada vez peor, con una escuela pública convertida en excelente agente productor de desigualdades y sometiendo a sus alumnos y profesores a una nefasta pérdida de tiempo. Y no parece que de esto sean culpables los alumnos. En la provincia de Rio Negro hemos logrado una perfecta dramatización de las palabras de Bertrand Russell quien dijo en una ocasión que: “la enseñanza estatal (...) produce un rebaño de fanáticos ignorantes”.
Se induce de lo expresado que, al menos en mi opinión, el problema no se encuentra en los ladrillos o en las leyes sino en las personas. Podemos mejorar los programas, diseñar una excelente ley de educación, tener recursos didácticos de última generación, acceso a Internet, magníficas bibliotecas, hermosos talleres, pero si los adultos responsables de educar no cambian, todo esto es inútil. Parece haberse instalado entre éstos también una masa crítica, en este caso hacia al facilismo. Si este diagnóstico fuera certero será muy difícil, aunque no imposible, dar marcha atrás a este proceso. Se requeriría que el sector afectado salga de la inmediatez propia de la edad y lidere el cambio ("lo mismo un burro que un gran profesor"). Albert Einstein decía, palabras más palabras menos, que: “loco es aquel que, sabiendo el resultado negativo de un procedimiento por haberlo experimentado, lo repite esperando resultados diferentes”. No creo en las “teorías conspirativas”, pero tengo la sensación de que es muy difícil pensar que semejante cantidad de desatinos, sea solo producto de locos, de incapaces o de personas que desconocen la importancia de tener un cerebro. Más bien parece la obra premeditada de una burocracia educativa destinada a destruir la escuela pública y establecer así, un despotismo sobre la inteligencia de las personas (adaptación de una frase de John Stuart Mill).
Finalizaba las notas anteriores con anhelos para que la situación al menos no empeorase. El histograma con el que comencé la presente, me indica que no pude ser más iluso. Solo me resta esperar que los responsables de esta tragedia reciban alguna vez su merecido castigo, aunque probablemente aquí también peque por inocente ("dale nomás, dale que va").
Nota: He ilustrado alguno de los párrafos con una frase final entre comillas, extraída de la letra del tango “Cambalache”, creado por Enrique Santos Discépolo, un talentoso argentino allá por 1935. Estas frases logran compendiar como ninguna, la destrucción cultural y educacional a la que estoy haciendo referencia. Dado la magnitud de su vigencia y realismo, he sugerido la idea de adoptar el tango completo, como canto obligatorio en las escuelas públicas, luego de izar la bandera.
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1.10.06
OCT 2006_La escuela técnica tal como la conocemos, está generando analfabetos funcionales
Publicado por Jorge Carlos Carrá
Etiquetas: Informes Institucionales
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