Al inicio del año 2006, decidí presentar la renuncia a mis cargos de profesor titular en las materias Electrotecnia I y Estática Gráfica - Resistencia de Materiales en la escuela pública educación técnica de mi ciudad.
En anteriores notas había expresado reiteradamente mi preocupación por la inconsistencia entre el título de Técnico Electromecánico que reciben los egresados de mi escuela y sus reales conocimientos. Esta realidad dejó de ser algo opinable para transformarse en una contundente evidencia cuantitativa a raíz de un acontecimiento que ocurrió en nuestras narices.En el mes de febrero de ese año se realizó el examen de ingreso a la Universidad Tecnológica Nacional, UTN, Bariloche. Un importante número de alumnos egresados de mi escuela, se presentaron como aspirantes a ingresar a dicho centro de estudios superiores, pero ninguno de ellos estuvo en condiciones de acreditar los conocimientos que un alumno de escuelas de nivel medio debe necesariamente disponer. Naturalmente esta situación es más grave por la circunstancia de que dichos aspirantes son egresados y/o profesores de una escuela de formación técnica. Mi reacción, como parte del cuerpo de profesores de mi escuela, fue sentir vergüenza por lo sucedido. Acompañé entonces el siguiente resumen intentando poder transmitir parte de la misma.
I) Antecedentes.
a) Evaluación diagnóstico.
El 6 de junio del 2005, elevé el informe solicitado acerca de la evaluación diagnóstico correspondiente a la finalización del primer trimestre de dicho año. Puntualicé allí el grado alarmante de mediocridad en los conocimientos de base (matemáticas y lengua) que ostentaba el curso a mi cargo. Dejé expresa constancia de que la mayoría de dichos alumnos tenía aprobadas las materias en las que teóricamente debieron haber recibido esas enseñanzas.
b) Días de clases
En seis notas elevadas durante el transcurso de los años 2004 y 2005, enfaticé la natural consecuencia que provoca en la formación de un estudiante, la disminución de los días de clases, con críticas puntuales a la institucionalización de las llamadas jornadas "educativas". Señalé en particular el efecto devastador que dicha circunstancia ha tenido en las materias que dicto. En la última de dichas notas solicité que todas ellas fueran elevadas vía jerárquica, al escalón superior al del Supervisor por haber sido agotada dicha instancia. Este diligenciamiento nunca fue implementado.
II) Situación en el año 2006.
a) Evaluación diagnóstico.
Luego de haber realizado una evaluación preliminar a mis alumnos, aprecié que no solo no fueron corregidas las deficiencias de base del diagnóstico del año 2005, sino que un grupo importante de alumnos carecía de herramientas adicionales no citadas en el año 2005 pues no eran motivo de queja. Dejé nuevamente constancia que dichos alumnos tenían aprobadas las materias responsables de brindarles esa formación. Entiendo que un diagnóstico que evidencia una enfermedad debería ser usado para curar la misma o al menos evitar que se propague.
b) Días de clases
Comienza el año 2006 con un "Curso de Capacitación" de tres días cuya característica es no capacitar para algo concreto, seguido de un cuarto día destinado a "Jornada Educativa" en el cual el fracaso reciente de nuestros egresados debió haber sido el tema central y excluyente. Estos episodios permiten visualizar que la estrategia adoptada para resolver esta tragedia educativa está lejos de pasar por el aumento urgente en la cantidad y calidad de lo que se enseña, lo cual me hace dudar si se considera que la misma existe.
III) Conclusiones
Expresaba en una de mis notas que en la Argentina de hoy, la dicotomía entre "lo que alguien dice que es y lo que realmente es" se ha convertido en un rasgo cultural, a tal punto que hemos acuñado el argentinismo de "chantas" para los individuos que la profesan. No resulta difícil deducir de los párrafos anteriores que nuestro actual sistema educativo es un fiel reflejo de esta cultura, produciendo técnicos que no lo son, amparando a profesores que no enseñan o no saben, aprobando a estudiantes ignorantes y presentando cursos de capacitación que no capacitan. En síntesis, un escenario digno del tango "cambalache". Roguemos por lo menos, que este mensaje no se termine instalando en el cerebro de nuestros alumnos, lo cual sería infinitamente mas grave. Este cuadro de situación seguido de mi decepción en el modesto intento por detener la profundización del mismo, ha provocado mi determinación a presentar la renuncia a dos de mis tres cargos. Hasta ese momento el equilibrio de la balanza solo se mantenía por el eficaz contrapeso producido por el compromiso, esfuerzo y dedicación que siempre evidenciaron y que extrañamente aun hoy, siguen evidenciando mis alumnos. Debo decir respecto de este punto, que la relación de respeto y consideración que vivo con la mayoría de mis alumnos y ex-alumnos ha provocado un fuerte lazo afectivo con mi escuela, consolidado a lo largo de muchos años., vínculo que me impulsó a rechazar sistemáticamente materias que me fueran ofrecidas en otros establecimientos educativos, en el caso de que dicha aceptación hubiera implicado el renunciar a materias en la escuela técnica estatal.
Desearía fervientemente poder visualizar en el futuro, cambios efectivos que reviertan esta fuerte y decidida elección, por acción u omisión, hacia el fracaso y la mediocridad. Esperaría que fueran reemplazados por la búsqueda de la excelencia en los conocimientos y por un necesario contrapeso de premios y castigos. De esta forma en lugar de vergüenza, podremos volver a sentir ese natural orgullo por el producto intelectual que contribuimos a generar.
Versión PDF
- Chantas: un rasgo cultural (3)
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- Proyectos institucionales (1)
1.3.06
MAR 2006_El sistema escolar es un fiel reflejo de la cultura “chanta”, produciendo técnicos que no lo son y amparando a profesores que no enseñan
Publicado por Jorge Carlos Carrá
Etiquetas: Chantas: un rasgo cultural, Informes Institucionales
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